sábado, 21 de enero de 2012

Cuentos

  1. Érase una vez un hombre que no podía gritar, su voz se había ido apagando con los años y para escucharlo era necesario estar muy atento. Se llamaba Víctor. Si quieres conocer su historia pasa al párrafo 4, si no te apetece, pasa al 2.
  2. Óscar era un hombre que no oía bien. Tenía que utilizar unos aparatos especiales para poder escuchar mejor. Él odiaba aquellos artilugios porque no funcionaban tan bien como esperaba y a menudo los olvidaba en cualquier lugar. Si te interesa que hizo Oscar con su problema pasa al punto 5, en caso contrario sigue al 3.
  3. Esta es la historia de Esteban, una historia marcada por el miedo, el miedo a ser él mismo, el mismo problema que había tenido su padre y su abuelo. Había tratado de superarlo por todos los medios, pero no lo había conseguido. Un día como otro cualquiera se levantó para ir a trabajar. ¿Quieres saber qué le pasó ese día? Pasa al 6, en caso contrario sigue al 7.
  4. Víctor trató de aprender a comunicarse con su limitada voz, lo conseguía cuando no había demasiado ruido ambiente, cuando se creaba un pequeño silencio para que pudiera hablar. Comenzó a acudir a la consulta de un logopeda para aprender a sacar el mejor partido a su voz. Cada semana realizaba ejercicios para relajar el cuello, controlar la respiración, vocalizar, pero era muy aburrido. ¿Te sigue interesando su historia? Pasa al 8, y si no, al 7.
  5. Óscar entendía que tener un problema de audición no tenía una solución fácil; llevar audífonos no era como tener un oído sano; era como llevar una pierna ortopédica, no es como una pierna de verdad pero te ayuda a caminar. Un día escuchó una noticia en la radio que le conmovió. Si te interesa saber que le ocurrió, ve al 9, si prefieres otro tema ve al 7.
  6. Aquel día se despertó con el vago recuerdo de un extraño sueño: un niño desconocido se le había acercado, tenía los ojos llorosos y buscaba compañía. El niño le había contado una historia que a Esteban le resultaba familiar, pero que al despertarse había olvidado por completo. Como todos los días se dirigió a la estación de tren. No podía evitar seguir pensando en su sueño; él no creía en los sueños, pero aquel era muy diferente a lo que había soñado antes. Cuando el tren llegó, Esteban tenía la mirada perdida. Para seguir con Esteban continúa en el 10, en caso contrario, pasa al 7.
  7. Ana era una mujer alegre, su risa era muy contagiosa, y su sonrisa era tan habitual que su familia no tenía ninguna foto de ella con la cara seria. Tenía una visión positiva de la vida, sabía que todos los problemas eran pasajeros, y que en realidad eran pasos a superar en el camino a la plenitud de la vida. Ana era paralítica de nacimiento. Su historia continúa en el 11. Si no quieres conocerla, quizás quieras volver al 1.
  8. Con el tiempo Víctor comenzó a recibir en sus cuerdas vocales los beneficios de la logopedia. Cuando acabó el tratamiento, su voz estaba mucho mejor, y aunque seguía sin poder gritar, podía hablar en voz alta sin excesivo esfuerzo. Se sentía orgulloso de su perseverancia. Un día salió a cenar con unos amigos y después se animó a ir a un karaoke; al salir del local sintió que había forzado la voz. A la mañana siguiente, como tantas otras mañanas, se despertó afónico. Si crees que Víctor se quedó a descansar en casa, ve al 12; si crees que salió a pasear, ve al 13.
  9. Un día Óscar conectó la radio. El locutor estaba entrevistando a una deportista, recientemente famosa por sus excelentes resultados en una competición. El periodista resumía con entusiasmo la impresionante carrera deportiva de su invitada. Óscar se emocionaba a cada minuto al escuchar la radio. Tras una breve pausa para publicidad, el locutor formuló una pregunta: “¿Cuál ha sido el mejor y el peor momento de tu vida deportiva?”. Mientras respondía, Óscar comenzó al escuchar a esa desconocida mujer. Tras acabar el programa, Óscar daba gracias al cielo por poder oír; había escuchado algo que cambiaría su vida. Si crees que salió a toda prisa para conocer a la deportista, ve al 15, si crees que llamó a un amigo para contárselo, ve al 13.
  10. Esteban subió al tren, se sentó en el primer asiento libre, cerró los ojos y se puso a imaginarse el sueño. Su memoria sólo alcanzaba a encontrar pedazos sueltos: una calle en invierno, el rostro pálido del niño tras su llanto, y su deseo de ser escuchado. Cuando comenzó a recordar la historia del sueño, el tren comenzó a frenar y Esteban abrió los ojos. Frente a él un pasajero leía un periódico; uno de los titulares llamó la atención de Esteban, pero fue la fotografía lo que le dejó inmóvil por unos instantes. Si crees que fue al lugar de la noticia, ve al 15; si crees que fue al trabajo, ve al 14.
  11. Ana siempre había soñado con ser alguien importante, había aprendido a ver su minusvalía como una puerta abierta a multitud de opciones. Los obstáculos propios de su situación fueron considerados como desafíos que le podían aportar enseñanzas únicas. Ana había dedicado su vida a escuchar sus pasiones: estudió literatura para aprender a disfrutar de los libros; practicó tiro al arco y llegó a convertirse en miembro del equipo olímpico; aprendió a componer canciones y a tocar varios instrumentos. Después llegaron los triunfos deportivos, sus novelas, los conciertos; el éxito le llegó multiplicado y lo disfrutó. Hoy, tras una entrevista en la radio, iba a convertirse en alguien inolvidable. (Ve al 15 o regresa al 1)
  12. Víctor trató de relajarse, dedicó un tiempo a repetir los ejercicios de logopedia, se preparó una manzanilla, se acomodó en el sillón y encendió la televisión. Como de costumbre, fue pasando de canal en canal; se detuvo en los informativos. Si se quedó escuchando la noticia ve al 9, si se quedó descansando para salir más tarde, ve al 13.
  13. Víctor y Oscar se encontraron en el parque. Solían quedar de vez en cuando para ponerse al día de sus vidas. En esta ocasión Víctor no podía hablar mucho por su afonía, así que se concentró en escuchar a Óscar. Óscar estaba fuera de sí, con una vitalidad y entusiasmo fuera de lo común. Víctor nunca lo había visto antes así, era como si de repente Óscar hubiera descubierto la plenitud de la vida, como si empezara a vivir de verdad por primera vez. Después de hablar sin parar durante un rato, Óscar afirmó “Los problemas sólo existen en nuestra mente, si vivo en lugar de pensar en ellos, los problemas desaparecen”. Óscar invitó a Víctor a acompañarle al estadio de fútbol; con brillo en los ojos dijo “¡Tienes que conocerla!”. Sigue la historia en el 15 o comienza otra en el 3.
  14. Cuando Esteban llegó al trabajo, todo el mundo estaba conectado a una televisión “on-line”, escuchando una grabación de aquella mañana, la noticia había invadido en minutos los buzones de correo electrónico, las noticias de los blogs… todos contaban una historia increíble, un sueño hecho realidad. Estaban la escuchó y salió corriendo. Para conocer la historia desde el principio, ve al 7; si acompañas a Esteban, ve al 15.
  15. El estadio de fútbol estaba repleto de personas de toda edad y clase social. Ni siquiera los artistas o políticos más reconocidos habían sido capaces de generar tanta expectación. Había gente en el césped, en las gradas, y una multitud en los alrededores del estadio, que observaba con atención las pantallas gigantes. Víctor y Óscar habían conseguido colarse hasta el terreno de juego. Esteban acababa de llegar; se quedó junto a un grupo de personas que se había sentado en el suelo de la acera, frente a una de las macropantallas. El murmullo era generalizado, muchas personas habían escuchado o leído algo sobre ella y todas querían compartir lo que sabían. Cuando la esperada invitada apareció en la pantalla, el estadio vibró en estrepitosos aplausos y gritos. Al poco tiempo, cuando Ana se acercó al micrófono, se creó un silencio cristalino, mágico; parecía que el tiempo se hubiera congelado. Ana miró con atención al público y a las cámaras, manteniendo su habitual sonrisa, una sonrisa que le nacía del alma. Mantuvo al menos medio minuto de silencio, su calma transmitía una paz y una esperanza únicas. Víctor, Óscar y Esteban comenzaron a sentir esa paz, un suave hormigueo comenzó a acariciar sus corazones. Después Ana comenzó a hablar: “Hoy no es un día cualquiera, es un día muy especial…Hoy puedes descubrir quien eres en realidad, más allá de lo que ves y tocas… Hoy tú y yo somos la misma realidad…Hoy sientes que más allá de tu cuerpo y tu mente, tú eres inmortal… Tú y yo somos uno”. Cuando Ana terminó su discurso, los ojos de todos los presentes estaban húmedos, sus manos estaban entrelazadas con las de los compañeros de al lado, muchos se abrazaban, otros se besaban, y todos sentían sus corazones plenos y poderosos. Víctor sintió una agradable sensación en su garganta y deseaba cantar; Óscar deseaba escucharle; Esteban percibía un incontenible deseo de vivir, de apasionarse, de ser el mismo. Ana continuó observando a los asistentes, los miraba con amor, con un amor sincero y profundo. (¿Quieres otra historia?, vuelve al 1)